El Secreto del Cenote Yaakun: Hallan Restos de ‘Yatzil’, una Joven Maya Sumergida en Playa del Carmen
El INAH localiza a más de 40 metros de profundidad el esqueleto intacto de una mujer del Posclásico Tardío y activa un blindaje científico contra el saqueo.
PLAYA DEL CARMEN, Q. ROO. — En las profundidades abisales del cenote Yaakun, oculto tras una densa y hostil cortina de ácido sulfhídrico, científicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han materializado un hallazgo histórico. Los restos óseos extraordinariamente conservados de una mujer maya, bautizada emotivamente como “Yatzil” (la persona amada), fueron localizados a más de 40 metros bajo el nivel del agua. El descubrimiento, confirmado oficialmente este jueves por las autoridades federales, ha puesto en marcha un operativo de investigación subacuática y protección patrimonial sin precedentes en la Riviera Maya.
El cuerpo de agua, cuyo nombre en español se traduce precisamente como “amar”, custodiaba un contexto arqueológico que los analistas adscriben preliminarmente al periodo Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.). Según los primeros exámenes antropofísicos, Yatzil era una joven de entre 18 y 25 años al momento de su fallecimiento. Su hallazgo abre una ventana única al pasado de la cultura de la Costa Oriental, detonando un riguroso plan científico para salvaguardar el sitio de las amenazas del turismo masivo de buceo y el saqueo ilegal.
“Cada hallazgo arqueológico que logramos proteger gracias a la colaboración de las comunidades fortalece nuestro conocimiento sobre las culturas que habitaron este territorio y reafirma que el patrimonio es una responsabilidad compartida. La investigación científica y la participación social son fundamentales para conservar estos contextos íntegros y legarlos a las futuras generaciones”.
— Claudia Curiel de Icaza, Secretaria de Cultura del Gobierno de México.

Una alerta comunitaria en las profundidades
La odisea científica comenzó formalmente a finales de 2025, cuando la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH recibió una alerta confidencial por parte de los custodios del cenote, quienes a su vez habían sido notificados por buzos técnicos sobre anomalías culturales en el fondo de esta impresionante dolina abierta.
Tras evaluar mapas de georreferenciación y denuncias previas, el arqueólogo subacuático Gustavo García García lideró una exhaustiva campaña de inmersiones extremas de cinco días, descendiendo a profundidades críticas de entre 42 y 53 metros. La exploración dio frutos al delimitar dos grandes núcleos arqueológicos separados por escasos 30 metros: una zona con tres vasijas cerámicas globulares de uso doméstico y otra donde yacía el esqueleto de Yatzil, acompañado por los restos de un animal no identificado.
Radiografía de Yatzil y riesgo de alteración
El análisis osteobiológico in situ, realizado por el antropólogo físico Salvador Isab Estrada, identificó piezas anatómicas clave: fémures, tibias, radios, húmeros, la pelvis y la porción izquierda de la mandíbula, la cual conserva tres molares intactos. La falta de un desgaste dental pronunciado determinó inequívocamente su juventud.
A pesar de que las condiciones del agua (temperatura constante, ausencia de luz directa y profundidad) han garantizado una conservación óptima durante siglos, el entorno corre un grave peligro. García García denunció que varios fragmentos del cráneo humano ya fueron removidos por particulares antes del arribo del instituto, evidenciando la urgencia de su intervención:
“Varios elementos se encuentran en su posición original; sin embargo, algunos fragmentos del cráneo fueron movidos. Insistimos en la fragilidad de estos contextos arqueológicos. La idea es que se preserven in situ y que la comunidad nos apoye”.
Para evitar una mayor degradación, el INAH ha instalado un cerco perimetral subacuático para obligar a los buzos recreativos a mantener una distancia prudente.
Ciencia y comunidad unidas por el patrimonio
La consolidación del proyecto no habría sido posible sin el compromiso activo de los dueños del predio y los custodios locales, convertidos hoy en los principales guardianes de Yatzil. Las autoridades han lanzado un enérgico llamado a las agencias y grupos de buceo técnico que operan en Quintana Roo para abstenerse estrictamente de manipular, extraer o vandalizar los elementos del yacimiento.
El Cenote Yaakun ya está en proceso de inscripción en el Atlas Arqueológico de Cuevas y Cenotes de la Península de Yucatán. Mientras el fragmento cerámico extraído continúa bajo análisis tipológico en laboratorio para confirmar su temporalidad, el equipo del INAH ya planea una segunda temporada científica para 2027, con el fin de extraer una muestra dental que permita secuenciar su ADN y revelar, de una vez por todas, el origen exacto de la “persona amada” del inframundo maya.




