En un claro mensaje de cautela ante el acelerado dinamismo de la Riviera Maya, el gobierno municipal de Playa del Carmen ha dejado en claro que no habrá precipitaciones para la aprobación del nuevo Programa de Desarrollo Urbano (PDU). El instrumento clave para proyectar la ciudad hacia el año 2050 continúa en una fase intensiva de revisión y formateo, priorizando que la expansión habitacional y comercial no rebase la capacidad real de la infraestructura básica.
Uri Carmona Islas, cuarto regidor y presidente de la Comisión Edilicia de Desarrollo Urbano, confirmó que el documento no cuenta con una fecha definitiva para su publicación. Argumentó que el objetivo principal es garantizar que la normativa sea totalmente funcional y responda a las necesidades reales del municipio, integrando las valiosas observaciones recopiladas en foros con empresarios, colegios de profesionistas y la ciudadanía.
Uno de los ejes más críticos que ha pausado el dictamen final es la viabilidad de los servicios públicos esenciales. El regidor fue enfático al cuestionar la viabilidad de autorizar nuevos desarrollos si no existe la garantía previa de suministros fundamentales como energía eléctrica y agua potable. “No podemos decir que ya está listo y echarlo a volar porque tampoco hay ninguna prisa. Y que no por la prisa se haga algo que no vaya a funcionar”, aseveró, señalando que la mancha urbana continúa su imparable avance hacia el poniente. Ante este escenario, la nueva visión técnica apunta hacia un modelo de desarrollo vertical y a un ordenamiento riguroso de las empresas proveedoras de gas, cable y telecomunicaciones.
Sumado al retraso del PDU, la administración trabaja a marchas forzadas en la actualización del Reglamento de Construcción, un instrumento catalogado como inoperante por las propias autoridades edilicias. A diferencia del PDU, la expectativa para este reglamento es que quede plenamente armonizado y aprobado antes de que concluya el año 2026. Carmona Islas fue contundente al calificar el esquema normativo actual como una herramienta inservible que urgía ser dinamitada para dar paso a un crecimiento ordenado, limpio y verdaderamente sustentable para Playa del Carmen.
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