El Festival del Reggae 2026, realizado en la zona de la Mega Escultura en Chetumal, terminó envuelto en críticas por su baja convocatoria y una organización señalada como deficiente, en lo que diversos asistentes y artistas calificaron como otro evento cultural marcado por la improvisación.
La directora del Instituto de la Cultura y las Artes de Quintana Roo (ICA), Lilian Villanueva, apostaba a que el festival consolidara su presencia pública y posicionara el evento como un referente cultural. Sin embargo, el resultado fue opuesto: escasa asistencia, poca difusión y reclamos desde el propio escenario.
La cantante Despika Singer fue una de las voces más contundentes al denunciar públicamente la falta de planeación. Durante su presentación, recordó que el reggae no solo es música de “peace and love”, sino también de protesta, y utilizó el micrófono para cuestionar la manera en que se organizó el festival.
Entre los principales señalamientos destacó que la promoción del evento habría comenzado apenas una semana antes, limitando la posibilidad de atraer público de otras ciudades como Cancún, Playa del Carmen o incluso Mérida. También denunció que algunos artistas fueron notificados con solo dos días de anticipación, situación que consideró una falta de respeto para quienes dependen profesionalmente de su trabajo artístico.
La consecuencia fue evidente: un festival con poca afluencia y un ambiente de desencanto entre los asistentes, lejos del potencial que podría tener un evento de este tipo para proyectarse a nivel nacional.
El episodio deja en evidencia que la política cultural no puede sostenerse en la improvisación ni en decisiones de último momento. Para muchos, el Festival del Reggae 2026 no solo fue un evento fallido, sino un síntoma de la falta de estrategia en la promoción cultural del estado.


