
En palabras simples
Guerra sucia en Quintana Roo: política sin rostro y desgaste anticipado
En Quintana Roo, la contienda política parece haberse adelantado… y degradado. En las últimas semanas, figuras públicas han sido blanco de una campaña constante de desinformación y ataques desde el anonimato, en lo que ya se percibe como una “guerra de lodo” rumbo al próximo proceso electoral.
En el año previo al año electoral, las emociones se exaltan y morena sostiene una lucha interna encarnizada para ver quien es el candidato a gobernador; sin embargo, no se descarta que también pueda ser mujer.
Las alcaldesas de Benito Juárez, Ana Patricia Peralta, y de Playa del Carmen, Estefanía Mercado, han sido algunos de los blancos más visibles. El patrón no es menor: ataques sistemáticos, muchas veces sin firma, que buscan erosionar su imagen en un contexto donde el factor de género no ha frenado —ni parece frenar— la intensidad de las descalificaciones.
El trasfondo apunta a una disputa interna dentro de Morena, donde distintos grupos ya se posicionan rumbo a la candidatura por la gubernatura. La posibilidad de que nuevamente sea una mujer quien encabece el proyecto ha elevado la tensión, colocando a Peralta y Mercado entre los perfiles más mencionados.
Sin embargo, más allá de nombres, lo preocupante es la normalización de estas prácticas. La guerra sucia no solo contamina el debate público, también reduce la discusión política a ataques personales y narrativas manipuladas, alejando a la ciudadanía de una deliberación informada.
La pregunta de fondo sigue en el aire: ¿quién está detrás de esta estrategia? Pero quizá la interrogante más urgente es otra: ¿qué tipo de proceso electoral se está construyendo cuando el anonimato y la desinformación se convierten en herramientas políticas?

