
DULCE AGONÍA: APICULTORES DE LÁZARO CÁRDENAS AL BORDE DEL COLAPSO POR PRECIOS POR LOS SUELOS Y COMPETENCIA DESLEAL
KANTUNILKÍN, Q. ROO.— La apicultura, pilar histórico de la economía familiar y la conservación ambiental en las zonas rurales de Lázaro Cárdenas, enfrenta una de sus peores crisis estructurales. La estrepitosa caída en los precios de la miel, el encarecimiento de los insumos de producción, la falta de cohesión en el gremio y la inundación de jarabes adulterados en el mercado están empujando a decenas de productores a colgar sus trajes de protección y abandonar los apiarios.
Juan Castro Loría, productor apícola del ejido de Kantunilkín, advirtió que la actividad agoniza lentamente y requiere de una intervención y reorganización urgente antes de que el daño sea irreversible para el campo quintanarroense.
“Sin polinización no habrá alimentos”
Castro Loría enfatizó que la crisis apícola no es solo un problema de ingresos económicos para los productores, sino una amenaza directa a la seguridad alimentaria de la región debido al rol crucial que juegan las abejas.
“Sin polinización no habrá alimentos. Las abejas permiten la reproducción de una gran cantidad de cultivos agrícolas, por lo que proteger esta actividad significa también proteger la producción de comida”, alertó el productor.
A diferencia de otras industrias agropecuarias, la apicultura destaca por ser una de las pocas actividades productivas con impacto ecológico prácticamente nulo, consolidándose como un motor de sustentabilidad para las comunidades mayas.
El fin del respiro económico familiar
El panorama actual dista mucho del de hace unas décadas. En el esquema tradicional del campo en Lázaro Cárdenas, las familias sembraban maíz, frijol y calabaza para asegurar el autoconsumo, mientras que la venta de miel representaba el flujo de efectivo necesario para solventar gastos del hogar, estudios o emergencias médicas.
Hoy, ese salvavidas financiero se ha ahogado en un mercado global y local que castiga al productor con precios de compra excesivamente bajos, mientras que los costos de mantenimiento y transporte de las colmenas continúan al alza. Ante este escenario, los apicultores de la zona buscan desesperadamente reactivar y fortalecer la organización interna del sector para negociar mejores condiciones de venta, combatir la competencia desleal de miel falsa y evitar la extinción de un oficio milenario.


