¡Histórico e invicto! Un Estadio Azteca desbocado celebra el paso perfecto del Tri en el Mundial
CIUDAD DE MÉXICO.– La Selección Mexicana rompió los fantasmas de un siglo de historia. Con un contundente 3-0 sobre la República Checa ante 80 mil 824 aficionados en el Coloso de Santa Úrsula, el Tri firmó una fase de grupos perfecta en la Copa Mundial de la FIFA 2026: tres victorias, nueve puntos y la portería imbatida. Ni en el 70, ni en el 86; la hazaña se escribió esta noche.
Más allá de la táctica, el partido fue un volcán de emociones que transformó la tensión en una fiesta nacional.
De la desesperación al sismo en el Azteca
El camino no fue sencillo. En la primera mitad, el planteamiento de Javier Aguirre lucía desconectado, sin profundidad y con destellos individuales aislados de Quiñones y “El Piojo” Alvarado que terminaban en la tribuna. La impaciencia del público se hizo sentir entre el tradicional aburrimiento de las pausas de hidratación y los cánticos de la grada.
Sin embargo, el destino cambió cuando la chispa encendió el fuego:
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El primero: Mateo Chávez se escapó por la banda derecha y cruzó un disparo letal que provocó un auténtico terremoto en las tribunas del Azteca, desatando la locura y la clásica lluvia de cerveza.
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La consolidación: Julián Quiñones aprovechó un error grosero de la zaga checa para firmar el 2-0, desatando la euforia total.
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La estocada final: Álvaro Fidalgo, quien entró de refresco, selló el 3-0 definitivo que puso a todo el estadio a cantar a una sola voz el “Rey”.
El regreso del “Cinco Copas” en su sexta cita
El momento más emotivo de la noche llegó al minuto 77. Con el partido resuelto, Guillermo Ochoa ingresó al terreno de juego para custodiar la portería. A sus 40 años, el guardameta no solo saboreó el calor de jugar un Mundial en casa, sino que hizo historia pura al pisar la cancha en su sexta Copa del Mundo, cobijado por un ensordecedor “¡Olé, olé, Memo, Memo!” que retumbó en cada rincón del estadio.
Al silbatazo final, la masa verde se convirtió en un solo cuerpo. Entre el Cielito Lindo y la euforia colectiva, la afición mexicana abandonó Santa Úrsula con una sola pregunta en mente: “¿De aquí a dónde?”, mientras miles ya ponían rumbo al Ángel de la Independencia para celebrar una noche que ya es parte de la historia del fútbol mexicano.



